RUGAT I NEVERES

RUGAT I NEVERES

diumenge, 23 de setembre de 2012

FORNA I EL SEU CASTELL 2



FORNA I EL SEU CASTELL
( SEGONA PART ) 



Continuem amb la segona columna que va dedicar Ero, Álvaro Rubial, en  el periòdic La Vanguardia. En ella se centra en el caràcter dels fornalers i de la seua amabilitat, de la vida quotidiana dels seus habitants, en les seues preocupacions i obssessions, en la tranquil·litat que regnava al poble, sols alterada pels traginar dels animals pels seus carrers o per l’aldarull de la xicalla  poble, dels escassos xiquets. 
 Unes quantes línies dedica al seu magnífic castell, sorprès per l’excel·lent estat de conservació en què es trobava i que atribueix a diverses reformes.




 Molt s´ha parlat d’aquest magnífic castell, declarat Bé d’Interés Cultural al  voltant del qual han sorgit nombroses llegendes, com la els cavallers de la crinera negra, o especulacions fantasioses, diuen els experts,  en afirmar que  es tractava d’un castell templari.
Després de molts anys d’abandó, en 2003 es va produir una reforma d’aquest esplèndid palau gòtic. De segur que ens sorprendrà la seua visita i descobrirem nombrosos detalls que fins aleshores havien passat inadvertits: grafitis i dibuixos medievals, escenes marítimes de navilis mercantils, combats de cavallers, criatures fantàstiques...




Llegim, és hora ja, la segona i darrera columna que ens va deixar el nostre guia en aquesta preliminar de la ruta feta fa ara 47 anys.



LA VANGUARDIA ESPAÑOLA, DOMINGO 12 SEPTIEMBRE 1965

LA  CALLE Y SU MUNDO

LOS LABRIEGOS DE FORNA




Llevo dos días en Forna y me marcho esta tarde. En el pueblo hay treinta vecinos y me hospedo en casa de uno de ellos, el señor Bernardo, que me ha ofrecido sus hospitalidad. La cama es muelle y el yantar suculento y abundante. He dormido apaciblemente, en silencio, y sólo al punto del amanecer percibí las pisadas de un borriquillo que cruzaba por el camino. Ya me anunciaron al acostarme que escucharía los golpecillos de las pezuñas en los guijarros. Sonaban como amortiguados compases de tambor. Los payeses se levantan con la aurora para ir a sus tareas, pero yo duermo como un tronco hasta las ocho. Cuando salgo a la calle (?) no veo a nadie. Andando, andando, me saluda una mujer que pela almendras a la puerta de su casa. Corren dos niños y pasa a la jineta un mozo en ruta hacía sus predios. En la revuelta de la carretera, una muchacha espera el camión de arena que ha de conducirla a Pego. Me dice que va al médico.

He subido al castillo y atalayé el valle desde la cumbre. En las laderas dé la hosca cordillera crecen incipientes plantaciones forestales, y en bancales alinean tristones olivos y algarrobos. Bajo el verde agresivo de los naranjales la tierra es rojiza, encendida, como si estuviese calcinada por un tremendo incendio. He ido a contemplar los naranjos bisoños regados mediante conducciones que serpentean por el campo desde los pozos. Se otean lejanas las casetas blancas de los motores y a veces brilla como el latón el agua de las balsas. La naranja es una obsesión de estos campesinos. Quizá dentro de pocos años no quede un solo algarrobo y un solo olivo en el valle. Estos árboles serán suplantados por el naranjo que hoy produce grandes rendimientos.

—Terreno de olivos, mal asunto —me dice un viejo petrucio—. Si usted lia leído la Biblia ya estará enterado de que en Palestina, tierra de oliveras, no había más que miseria
Yo tengo que atender a los labriego» que tienen la delicadeza de venir a saludarme. No se trata de que yo sea un hombre importante. Yo no soy nada importante. A mí no me conoce en Forna más que el señor Bernardo. Pero vienen a interesarse por mí y me preguntan qué impresión me produce Forna. Yo les digo que me gusta y les doy las gracias por su amabilidad. Yo escucho al señor Nacio, que me hace un elogio de las praderas y de las vacas santanderinas y me dice que la Montaña es un gran país y no Forna, que no vale nada. Le replico con que Forna vale lo suyo. Yo atiendo al señor Vicentet, y al señor Lluiset, y al señor Batiste, quien asegura que la naranja  es la   mejor
fruta del mundo, pues puede viajar hasta Buenos Aires y retornar a Forna sin perder calidad y sabor. Yo agradezco a la señora Concha el«melonet» que me ha regalado, a la señora Pura su cestillo de higos y a la señora Ludovina el voluminoso obsequio de una enorme sandía.
Yo estoy muy contento en Forna y he sido agasajado por gentes que no conozco, que no saben quién soy, ni apenas a qué me dedico. Pero me voy a marchar. Y cuando circula la noticia de mi partida los labriegos surgen ante la puerta. Mientras redacto esta nota están esperando para decirme adiós. Quieren echar un pitillo conmigo. Tendré que prometerles que volveré. ¿Cuándo? El día menos pensado. — ERO

1 comentari:

  1. Vaja documents bonics!, aquestes cròniques de La Vanguardia. M'emociona saber que un periodista, gallec, als anys 60, coneixia El País Valenciano, de Fuster. Són documents antropològics preciosos, escrits de manera impecable, i amb un respecte i una estima cap a la gent senzilla i la bellesa humil d'aquesta part de món que esborrona. Perdre's per algun raconet de Forna encara és un goig, i si s'eviten els caps de setmana, la soledat i la tranquil·litat estan assegurades. Que ho gaudiu!

    ResponElimina